SÉ BIENVENIDO



Carpe Diem! Aprovecha el día. No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido un poco más feliz, sin haber alimentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber. No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario... No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía sí pueden cambiar el mundo... Somos seres humanos, llenos de pasión.

La vida es desierto y también es oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia... Pero no dejes nunca de soñar, porque sólo a través de sus sueños puede ser libre el hombre. No caigas en el peor error, el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes... No traiciones tus creencias. Todos necesitamos aceptación, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso transforma la vida en un infierno. Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante... Vívela intensamente, sin mediocridades. Piensa que en ti está el futuro y en enfrentar tu tarea con orgullo, impulso y sin miedo. Aprende de quienes pueden enseñarte... No permitas que la vida te pase por encima sin que la vivas...

Walt Whitman

Seguidores

jueves, 9 de julio de 2009

La Poesía Romana: Catulo

"Banquete amoroso", fresco en las ruinas de Ercolano (ca. 70 a.C.)


La poesía romana comenzó a brillar con luz propia alrededor del 60 a.C., con Lucrecio, Catulo y Ovidio.

Ese año fue el inicio del esplendor de la poesía romana marcó y también el nacimiento del primer triunvirato, formado por César, Pompeyo y Craso. Se trata de una época en la que Roma vive profundos cambios, y no sólo en la político o militar. Cambia el sentimiento, el alma de los romanos. Los sentimientos de los individuos comienzan a estar por encima, incluso, del propio estado.

Y éste es el contexto –que hay que conocer- en el que vivieron y escribieron su obra tanto Lucrecio como Catulo. Aunque cada uno dentro de su marcado estilo, ambos innovaron y consiguieron, de forma brillante, unir la realidad con los sentimientos de la gente. Dieron inicio a una corriente que se mantuvo intacta durante más de setenta y cinco años, y en las que les sucedieron poetas de tan alto renombre como Virgilio, Horacio y Ovidio.

Con semejantes autores, fue éste sin duda el período más fructífero y brillante de la poesía romana, y también uno de los más brillantes de toda la historia de la literatura universal. Se manifestó además en diferentes géneros:


La poesía didáctica era una especie de juego en el que se ponía a prueba la destreza del poeta. Se elegía un tema especializado y complejo, y sobre éste el poeta debía componer un poema con el estilo más refinadamente exquisito del que fuera capaz. Este tipo de poesía fue muy cultivada por Lucrecio, autor de De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), dedicada a un amigo suyo que fue desterrado. Poetizó en ella su propia visión acerca de las doctrinas filosóficas de Epicuro, e intentó superar la vieja pugna entre filosofía y poesía, lucha latente ya desde Platón.


La poesía individualista o personal tuvo en este período dos grandes protagonistas: Catulo y Horacio. Por expresarlo de una manera sencilla, este es el tipo de poesía que hacen aquellas poetas cuya personalidad se impone de forma absoluta en toda su obra. La parición de la poesía personal, en el momento de la agonía de la República, es una muestra de la progresiva emancipación del individuo tan propia de aquella etapa.


Catulo, que nació en el año 87 a.C., acabó arruinado en su continuo buscar de todo tipo de placeres, y hemos de suponer que muchos de ellos se debieron a su historia de amor con Clodia, mujer que lo enamoró y le rompió el corazón. Fue el gran amor de su vida y la protagonista de casi todos sus poemas, en los que aparece con el seudónimo de Lesbia.


“Lesbia”, John Reinhard Weguelin


Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,

rumoresque senum severiorum

omnes unius aestimemus assis.

Soles occidere et redire possunt:

nobis, cum semel occidit brevis lux,

nox est perpetua una dormienda.

Da mi basia mille, deinde centum,

dein mille altera, dein secunda centum,

deinde usque altera mille, deinde centum.

Dein, cum milia multa fecerimus,

conturbabimus illa, ne sciamus,

aut nequis malus invidere possit,

cum tantum sciat esse basiorum.


Vivamos, Lesbia mía y amémosnos,

hagamos caso omiso a todas las

habladurías de los ancianos en exceso

escrupulosos.


Los astros pueden ocultarse

y reaparecer, pero nosotros tendremos que

dormir en noche perpetua tan pronto como

se apague la breve llama de nuestra vida.

Dame mil besos y después cien, otros mil

luego, luego otros cien. Empieza de nuevo

hasta llegar a otros mil y a otros cien.


Después, cuando hayamos acumulado

muchos miles, los revolveremos todos para

perder la cuenta o para que ningún

malvado envidioso sea capaz de

embrujarnos cuando sepa que nos hemos

dado tantos besos.


6 comentarios:

Graciela dijo...

Carpe diem, me has recordado mis años de juventud en la universidad cuando en las clases de latín estudiamos a este autor y sus poemas, simples y bellos. Son dulcemente ingenuos, me remontan a la candidez juvenil,
cuando se vive siempre enamorado.

leoriginaldisaster dijo...

muy bonito:)
un saludo!

CLARA dijo...

Gladiador??
Yo también amé a Máximo.
Ya tenemos algo en común.
Muy Buen blog...

ZAYADITH HERNÁNDEZ dijo...

me has inspirado...sabes que este es mi punto débil...sobretodo Ovidio. Catulo, Virgilio, Horacio... todos son fabulosos, pero Ovidio es el mío. Me encanta su manera sarcástica de decir las cosas y su rebeldía a la hora de plasmar con claridad lo que era tabú...excelente entrada! me la he comido,digerido y relamido de postre.
Un beso Gordo.

Carpe Diem dijo...

GRACIELA, Me gusta la dualidad de la poesía de Catulo, que era un maestro en escribir tanto los poemas más íntimos y románticos como los más groseros.
El amor fugaz, juvenil no se olvida, pero se disfruta más del amor adulto.

LEO, me alegro que te guste. Eres muy expresivo. Otro saludo.

CLARA, Bienvenida.
Espero que tengamos algo más en común. Yo no amo ni amé a Máximo, ni tampoco lo idolatro. Solamente me convierto en él algunas noches de luna llena.

ZAYI, siempre tengo buen ojo contigo, casi todo te lo acierto. Qué suerte! De todas formas ten cuidado que algunas entradas pueden causar indigestión. Le echaré un vistazo a Ovidio a ver si le apetece pasarse por aquí.

CLARA dijo...

Ah.... Sí?

Temo sinceramente que vengas a leer mi última entrada, entonces...
Debo o no debo temer?